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No. 14 - 2009 |
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_____________________________________________Editorial Yo no quiero ni festejar ni conmemorar nada. Ni el bicentenario ni el centenario. Antes quiero olvidar. Borrarme de la mente el país éste en que vivo y en el cual sólo veo gestos agrios y cosas por componer. Habrá modo de teclear y que de repente desaparezcan las imágenes de un pasado reciente que nunca se acabó de esclarecer. Dejar de ver los ríos color chocolate rebosantes de espuma que ahora veo. Los atardeceres color nata. Los cruceros llenos de niños y adolescentes que piden dinero, los gestos de los políticos que se empeñan en verme la cara, la cara obesa de quien me quiere cobrar más impuestos, la cara cínica de los ex presidentes que aseguraron el futuro de sus familias por 5 ó 6 generaciones más, el rostro feroz de un cardenal que quiere el fuego eterno para los que quieren libertad para su cuerpo. Todas esas cosas y muchas más quisiera cambiar y borrar. Pero este país tiene un gran borrador en su mano y fácilmente yo podría ser borrado. Si me quejo demasiado me puede borrar el líder sindical con su cláusula de exclusión. Si me quejo aún más puedo desaparecer bajo toneladas de expedientes de delitos por inventar. Y si insisto hasta puedo pasar a engrosar la lista de los que aparecen sin rostro en los caminos de terracería. De cualquier modo ya desaparecí, ya no estoy. No voy a pasar por sus puestos de revisión. Sus detectores de metal, sus barricadas; no me voy a acercar a sus festejos. No voy a estar en la foto con presidentes espurios, gobernadores corruptos, diputados indolentes, líderes sindicales eternos, empresarios-coyotes, y demás finísimas personas. Si acaso levantaré un tarro de cerveza y brindaré por lo que queda de país. Por la gente que se levanta a las 5:00 A.M. y se acuesta a las 10 ó 11 P.M. Por los campesinos y los obreros. Por esos que nunca salen bien en las fotos, brindo por ellos.
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daSh bailey 08 |
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