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No. 13 - 2009 |
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_____________________________________________Editorial Los pretextos no les faltan. Primero, con el argumento de la guerra contra el narcotráfico se busca justificar cualquier cantidad -ya miles- de pérdidas humanas. Luego, con una crisis que -insisten- viene de fuera ,y está exhibiendo los defectos del actual sistema económico, se pasan por alto despidos masivos, paros técnicos, reducción de salarios y beneficios, además del pisoteo de los de por sí ya muy mermados derechos laborales básicos. La crisis es la peste que se mira de reojo, al paso. Lugar común de empresarios y lacayos que buscan con ella encubrir su ineficiencia. La crisis ya no inspira canciones guapachosas, pero sí mensajes televisivos que buscan recordarnos al mexicano que todos llevamos dentro, al que soporta los agravios con fervor guadalupano. Agachados y Supermachos al fin de cuentas. Pero sucede que el optimismo por decreto no existe, no te levantas una mañana con la intención de ser una mejor persona y lo consigues de facto. Y tampoco lees "volar sobre el pantano" y encuentras ahí las respuestas a tus males. No, así no sucede. Las crisis económicas no sólo dejan desempleados, ése es quizá el menor de los daños. Las crisis truncan la formación escolar de grupos y generaciones completas; arroja a millones al empleo informal (delincuencia incluida, sólo basta revisar cómo se incrementó este rubro a partir de 1995); detiene o hace retroceder el avance de muchas familias. Encubre y solapa a la clase política, que no entiende o asimila -ni por error- el drama de los que andan a pie. No hay ánimo fatalista, no es necesario. Esto se antoja para nota de novela policiaca: La realidad siempre supera a la ficción. Así la tierra como los orgasmos -y las catarsis- son de quienes los trabajan, que cada quien se libere como mejor le plazca: Sin preocuparse, podría salir a la calle, poner su mejor cara, vestir la ropa que disponga para la ocasión, disfrazar la falta de bocado con su mejor sonrisa (cópiesela a su artista televisivo favorito) y acepte con el mejor de los ánimos la negativa de empleo del día. O miéntele la madre a su político favorito y no olvide su rostro en la próxima farsa democrática.
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daSh bailey 08 |
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