Rius en Gijón

Fue en el año 2007 que uno de nuestros editores tuvo la fortuna de subirse al tren negro de la Semana Negra de Gijon y departir ahí con Rius, uno de los homenajeados de ese año. Va, pues, la crónica de ese encuentro, la cual recuperamos de la edición número 7 de Catarsis.

La mirada perdida a lo lejos. Estoy buscando algún rostro familiar entre esta retahíla de gente cuyo acento me aleja y a la vez me hace sentir más próximo del español.

Gijón, Semana Negra. Camino por la avenida negra, llena de vendimias, de gente, de vida. Es un tianguis, pero no uno normal, es un tianguis asturiano.

Los viajeros del Tren Negro llegaron antes que yo al sitio de encuentro, situado no lejos de las playas del mar cantábrico y yo llego retrasado. Busco un asidero, un rostro conocido, un lugar con hedor a Asturias, donde podría encontrar alguno de los habituales de la Semana Negra.

Finalmente encuentro uno, pero no es uno de los habituales. Es un rostro familiar. Desde niño lo tengo en la cabeza, su nariz y sus ojos no se prestan a engaños. Hombre de vestir sencillo, mirada de abuelo sabio, nariz alargada que se mofa de sí misma y de su feliz propietario.

Es Eduardo del Río, Rius. Invitado especial de la Semana Negra. Vino a que lo homenajearan (tarde pero sin sueño). No necesito hablar de su obra. Es conocida en todo el mundo.

El buen Rius ha reconocido mi rostro. Se dirige hacia mí. Nos habíamos encontrado brevemente en el Tren Negro (en realidad fui yo quien lo buscó, sólo para decirle: “¡Qué chingón es usted!”). Como que anda buscando también el rostro amigo, el rostro de paisano.

“Qué pasa”, me dice, “¿Ya perdiste la procesión?”. En mis adentros me digo: “¡Puta, perdí a la procesión pero encontré al Redentor!”.

No cabe duda, la Semana Negra nos reserva buen de sorpresas. Más sabor y realce a este
evento. Felicidades Paco.

Camino con él a lo largo de esta cosmopolita avenida. Hombre sencillo, sin pelos en la lengua. Hablamos de todo, desde la comida gallega hasta el porqué al país se lo está llevando la chingada. Pero no olvidamos el motivo de nuestra visita: Él viene este día a ver una galería de caricatura, organizada e instalada no lejos de la avenida negra; yo voy a la presentación de un libro.

Es el viajero más veterano del tren negro: En cerrado pleito calendario le ganó por estrecho margen a Samuel R. Delany.

Pero no por ser el más veterano es el más jodido, no; cuídense, hay Rius para rato.

Me dijo que no sabía bien a bien el porqué de la invitación a la Semana Negra. Yo pienso que cada vez que lo invitan a algún lugar para homenajearlo siempre dice lo mismo. ¿Modestia Zamorana?

Juntos vamos a la galería, está un poco en penumbras, pero la exhibición es interesante. Rius pasa algunos minutos examinando algunas de las caricaturas allí mostradas, como que sabe de antemano lo que quiere ver.

Termina de recorrer la exhibición. Él debe partir lo antes posible. Tiene que viajar a Alemania al día siguiente. Otro homenaje y otro reconocimiento. De la misma manera que nos encontramos, nos despedimos.

Su partida me dejó pensativo: ¿Cuántos menores de 20 años leerán Rius? ¿Cuántos habrán leído “Los Agachados” y “Los Supermachos”? ¿De verdad Elena Poniatowska hubiera querido tener unos cuantos chilpayates con él? ¿Qué significa Rius para los jóvenes caricaturistas de hoy? ¿Qué pensarán los promotores institucionales de la cultura acerca de su obra?

Muchas preguntas. No hay respuestas, solamente las que mis lecturas de sus libros pueden
dar: Rius es parte del panorama artístico del siglo XX mexicano. Es el educador por excelencia, el que no se calla, el que dice lo que piensa. Rius es el humor ladino, el de los jodidos, es el trazo fácil y expresivo.

Recuerdo que tengo una presentación en algún lugar no lejos de la galería. Regreso a la
realidad, la Semana Negra apenas comienza. Las deidades asturianas me sonríen.

Jorge Quintero

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Poesía – Te amo. Te odio.

Te amo.
Siempre despertaba al aterrizar,
gustaba de visitar lugares exóticos.
Conocía príncipes y princesas,
tesoros marinos.

Rozaba con las manos
auroras boreales de mar y de cielo,
hacía piruetas,
las nubes reían al volar.

Le encantaba contar historias
y abrazarme de noche.
Había estado ahorrando besos,
en sus ojos claros.

Te odio.
Ayer conocí a Sara.
Estaba sentada sola

en una banca, fumando.

Toma mi mano para andar
entre espinas que rasgan la piel.
Dejan marcas como de garras.

Mientras caminamos
con la mirada fija
en la obscuridad que se aproxima
me pregunta si confío
si alguna vez confié.
Pero le miento.

Sobre el lienzo de mi piel
eyacula promesas.
El diablo tiene a Sara.
Yo te tengo a ti.
Así se dan las tragedias.

Te amo.
Cuando gotas de lluvia
nacen en tu erección,
flores que observan.

Quiero ser sombra
para tocar el contorno
de tu siempre cuerpo.

Dos pasos bastarán,
atravesó continentes.
Encontró apoyo el mundo
en tu perfil,
y tú
en mi vagina.

Te odio.
Raspa en la garganta
la palabra que rebota
en tus oídos de madera.

En la obscuridad de mi cama
descansa mi sombra
y se pierde entre los sueños.

Me abandonas,
me odias
para quitarme los zapatos y andar descalza.

Hoy te pondré
en mi lista
de las cosas que odio.

María Elena Velázquez Marmolejo

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Cuento – ¡Qué de putas ha de estar el infierno!

Todo oscuro lleno de putas, cigarros, alcohol,

puras bandas de rock.

Anónimo… pero no equivocado

Un camión lleno de supermachos

Esta mañana vio el sol desde su torre de metal, el frío le caló un poco y como pocas veces vio el tono que la mañana da al cielo. Se sintió pesado y se caló los protectores para el brazo. Su gorra de mezclilla con protección para el cuello. Amarró su línea de vida y se dispuso a trabajar. Un enorme arco de metal parecía salir de su mano y sólo se interrumpía el destello para dar golpes que quitan la rebaba que sobra del metal. De su mente salían pensamientos hacia todos lados. Unos iban a su casa donde su mujer hacia lo posible con lo improbable. Cuando se crece entre tierra se vive entre muros con y sin enjarre nada se extraña. En el fondo, sin embargo, refulge un televisor nuevo, el único lujo adquirido a plazos con un vendedor que prometió pagos bajos a plazos indefinidos. La deuda se hizo impagable. En verdad ganará tanto el tipo que da 5 ó 6 vueltas para cobrar. Después de unos meses sin trabajo, de buscar y hacer filas, de ir por cartas y certificados de policía por fin lo encontró, que más da unos días más de pedir prestado para camiones y otras cosas en la tienda.

Sábado   

Baja de su jaula de metal y recoge su pago. Un pequeño montón de billetes se le deshacen entre las manos. En una esquina ve unos tipos gordos carcajeándose entre gestos obscenos con el ingeniero. Son del sindicato y se ve que hace mucho no ven un martillo en sus manos. Se va leyendo entre brincos del camión el papel que en letra minúscula detalla su pago, menos sus descuentos. IMSS, ISR. Sindicato… deja de leer. Le duelen los ojos después de horas de entregarlos al fuego eléctrico. Sube un muchacho ya cercano a los treinta o quizá pasados, tiene una guitarra y una armónica. Recita el estribillo de todos los que suben y comienza a cantar con voz rasposa. Es una canción que no le gusta pero que escucha con los labios cerrados entre sudor y saliva reseca. Que es una rola que no te gusta. Cuando le pones atención y te dice que por la mañana te levantas y no tienes ganas de ir a trabajar, que la miseria va circulando por la ciudad, que la gente pobre no tiene lugar. Entrecortadas las palabras van llegando y se van. La saliva entre sus labios no sólo es ya reseca, es amarga. El muchacho termina y pasa entre todos los que van entre tumbos en el camión. Parece que hoy sí le atinó a la rola. Nadie le dio nada.

Superman este día vio el sol desde lo alto de una  columna de metal.

Julio Maciel

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Variopinta – ¿Qué es un sindicato en el siglo XXI?

Es la institución del siglo XX a la que no se le ha dado sepultura. Apesta y nadie mueve un dedo; hacen bien, ya que como en la lepra: no es necesario cortar un apéndice que se va a caer solo.

Como representación fiel de este fenómeno o consecuencia son los nidos vacíos. Las otrora bullentes oficinas de las centrales obreras se caen a pedazos. Ubicadas en barrios populares, hoy languidecen de soledad sin su abigarrada clientela de antaño. Comparten con los medios tradicionales una cierta atmósfera de decadencia. Para términos prácticos la mayor parte de los medios de comunicación serios o actualizados ya no repiten las sonoras declaraciones de los líderes obreros, estas eficaces abejas están más atentas a las palabras de los nuevos héroes del día: los empresarios y sus múltiples cámaras que a la menor provocación dicen qué alienta o qué desalienta la inversión. Y es que la inversión es como el maná pero mejorado, llena la boca de los políticos y los periódicos de tinta.

Los años noventa del siglo pasado dejaron como consecuencia de la rapiña generalizada un vasto campo de escombros. Las privatizaciones y el ascenso de China, que hace lo mismo pero más barato, nos dejó como herencia sólo una red de agujeros. Los que compraron una empresa del estado no se quisieron llevar un sindicato de regalo y, de un modo u otro, se deshicieron de ellos. Con cañonazos de millones de dólares, con los que empresas como ferrocarriles o mineras, dieron por terminada su relación sindical y que curiosamente administraron los líderes. Obvio decir que los representados no vieron un sólo peso.

En el sector privado el desmantelamiento de la planta productiva dejó en muchos casos a los sindicatos sin empresa. Porque todo, absolutamente todo, se puede comprar en China y revenderlo sin mayor pudor.

Así, fallecieron o se atomizaron las empresas productoras de ropa, zapatos, herramientas y un largo etcétera.

De este modo quedaron los sindicatos como elefantes blancos. Cascarones vacíos, regenteando las sobras del antiguo poder que alguna vez ostentaron.

Cosa fácil; atrás quedaron los lumpen años ochenta con sus conasupos, sus marchas obreras multitudinarias. El “Gracias Sr. Presidente” que llevaban los obreros en los carteles y mantas. Bienvenido a los noventa y, justo en medio de la fiesta, la crisis, el abismo del año 95 donde hasta bajó el tráfico en las avenidas. Para el final de esa década ya no había contingentes de ferrocarrileros ni mineros. Las marchas oficiales habían muerto de inanición.

Dos sexenios pasaron para que el anhelo de las derechas bien distribuidas en los dos partidos en el poder se hiciera realidad. Una reforma que hace del trabajo ya no un bien social sino un contrato muy amañado en el que el trabajador lleva la peor parte. Con contratos de prueba y sin poder generar lo que antes se consideraban derechos de antigüedad. El sindicalismo oficial ha cavado su propia tumba. Con los nuevos formatos de contratación ya quedan obsoletas las centrales obreras que hacían de la permanencia de un trabajador su mayor botín, ya que éste no ocupaba un trabajo, sino una plaza, y ésa era propiedad del sindicato. El futuro del trabajo es no sólo incierto sino casi efímero. Así, poco a poco van a terminar de languidecer los sindicatos tal y como los conocimos.

El futuro será de los organizados

La muerte de la pirámide como forma de organización deberá de obligarnos a formar organizaciones más agiles y puntuales. La antigua célula que, compuesta de unos pocos, que se esfuercen por defender los derechos de todos puede ser la base de la resistencia ante la desaparición de centrales obreras. El caso por caso será la pauta del nuevo orden y habrá una lucha gigantesca, ya que están copadas todas las posiciones que controlan el ambiente laboral, desde la secretaría del trabajo hasta los juzgados. Se deberá crear un muro de la vergüenza donde, aunque sea de manera simbólica, se exponga a los empresarios y empresas más abusivas y depredadoras de los derechos del trabajador. Y por igual mencionar los mejores lugares para trabajar. Este es el nivel en el que hemos quedado y desde el cual debemos actuar. Los abusos seguirán tanto por parte de las empresas privadas como del gobierno, que ya delira con impuestos a los alimentos y medicinas, y aumentos en los que ya existen como el IVA. Todo para poder seguir solventando su opulento tren de vida y su despilfarro. En todos queda la iniciativa para detenerlos.

Julio Maciel

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Variopinta – Legalizando lo ilegal

El nuevo régimen no se ha instalado formalmente pero en su proceso de transición ya ha delineado las bases de los próximos años. En sus diputados y senadores, propios y anexos, ha caído parte de esa definición, como validadores de una reforma laboral, tardía, emanada de lo que en otro tiempo fue anunciada como la presidencia del empleo.

De las cámaras no ha salido todavía la versión final de la reforma laboral, pero ésta ya tiene un propósito bien definido: la generación abundante de empleos, dicen sus promotores. Eso no podremos verlo sino hasta que en la calle, los de a pie, obtengan el preciado bien. La reforma laboral, insisten sus promotores, traerá consigo un orden tal que los trabajadores no podrán despreciar.

La figura del outsourcing es quizá uno de los elementos más importantes de la reforma, el otro sería aquel que tiene que ver con la transparencia sindical pero con lo que los sindicatos significan en México el asunto resulta intrascendente. La definición del outsourcing  no es sino la legalización de prácticas empresariales que llevan varios años llevándose a cabo, especialmente en los últimos dos periodos panistas. Así pues, la reforma sólo dará paso a legalizar prácticas laborales que hasta ahora habían estado fuera de la ley, o en el limbo jurídico, que para el caso da lo mismo.

No resulta claro, en las disertaciones legislativas, si los integrantes de las cámaras alcanzan a comprender la problemática laboral. Desde su privilegiada posición plantean soluciones que no van a fondo, con una visión sesgada, que beneficia a pocos sectores y, ahí, no se encuentran los trabajadores.

Una empresa con trastorno de identidad

Elvira lee su último recibo de nómina, los números son los mismos, su sueldo permanece intacto, pero aparece un nombre que le resulta ajeno, no es el mismo de la empresa que la contrató hace año y medio para prestar sus servicios, a modo de outsourcing, para una ensambladora extranjera.

La encargada de recursos humanos le explica que el cambio se debió a una re-organización administrativa y que, como habrá visto, su sueldo es el mismo, no tiene nada de qué preocuparse.

Y es que sucede que la empresa ha modificado su razón social, y no será el primer cambio, le esperan un par más en menos de cinco años. La empresa se transforma de un día a otro: diferente oficina, otro nombre, mismos empleados, el control bajo el mismo círculo familiar, otra cara frente a hacienda.

Transcurren seis meses desde entonces, Elvira intenta solicitar un préstamo al Infonavit. Cuando empezó en la maquiladora calculó que necesitaría sólo dos años para cubrir el tiempo mínimo requerido para solicitar un crédito. Pero el vendedor del fraccionamiento donde planea comprar casa le da la mala noticia: el Infonavit sólo tiene registrada una continuidad de seis meses en el mismo empleo, no de dos años, como ella esperaba.

2 x 1: contrato y renuncia

Javier se presenta puntualmente en las oficinas de la empresa, no hace más de 3 meses desde que concluyó la universidad y ya consiguió su primer empleo, es de los pocos de su generación que lo ha logrado. La encargada de recursos humanos le entrega el legajo que debe firmar.

Intenta una lectura a consciencia, alguien se lo sugirió, pero la emoción lo supera, y sin darse cuenta firma, aparte del contrato y el acuerdo de confidencialidad, la renuncia con fecha en blanco.

Se dará cuenta de su error hasta algunos años después, cuando es despedido sin la liquidación correspondiente.

No soy de aquí, ni soy de allá

Marcela firma siempre dos recibos, en uno aparecen los ingresos con los que está registrada ante el IMSS, en donde se refleja poco menos del 20% de sus ingresos totales. La empresa que expide esos recibos es una asociación civil cuyo nombre nada tiene que ver con la empresa para la que dice trabajar.

En un segundo recibo, Marcela firma por los bonos que completan sus ingresos, son las compensaciones que una segunda empresa le entrega bajo el concepto de servicios profesionales prestados. La razón social también le resulta desconocida.

Marcela sufre un accidente automovilístico camino al trabajo, se trata de un asunto menor, pero aun así la mandan a su casa por un unos días. Tramita el pago de la incapacidad de tres días en cuanto le es posible.

El cheque que le expide el IMSS cubre menos del 20% de sus ingresos  por esos tres días. Cuando lo ve, recuerda lo complicado que le resultó el ingreso y la atención en el hospital después del accidente, el nombre de la empresa para la que trabaja, aquel que corona la entrada del edificio donde labora, no tiene nada que ver con su registro ante el IMSS.

Con un clima así, las cosas no pueden ser tan malas

Ricardo recibe el aviso de traslado un lunes por la mañana, apenas el viernes anterior todavía laboraba para una empresa local que subcontrataba sus servicios. Son dos las empresas que pagan su sueldo: con una, la que menos aporta, paga las cuotas del IMSS y su préstamo de Infonavit; de la otra recibe dividendos por ser parte de una sociedad a la que nunca ha sido invitado a la toma de decisiones.

Su jefe inmediato le informa que por su nueva asignación recibirá mil pesos más sobre sus ingresos brutos pero ya no tendrá seguridad social; así son las reglas en la otra sede de la empresa. Debe presentarse el lunes siguiente, apenas le queda una semana para organizar sus asuntos.

A Ricardo no le salen las cuentas, esos mil pesos extra no le sirven de mucho. Al no contar con un patrón los pagos del Infonavit son más altos. Con el cambio de esquema, todos sus ingresos serán cubiertos por la empresa de la cual es socio, pero también los impuestos se incrementan. No, las cuentas no le salen.

Se entrevista con su superior, le hace ver lo mermado que estarán sus ingresos con el cambio. Su jefe lo escucha atento, haciendo un gran esfuerzo por comprender el problema que Ricardo le plantea, y cuando le corresponde hablar, le cuenta a Ricardo sobre lo maravilloso que es el clima en la ciudad que ya lo espera con los brazos abiertos.

Firme primero, luego le pagamos

Fabiola ha encontrado ya un mejor empleo después de varios meses de buscarlo. Presenta su renuncia y acuerda una fecha para finiquitar el asunto, la citan una semana después de haber dejado el empleo.

En su ya antiguo trabajo la recibe el representante de recursos humanos, quien le solicita le firme un recibo por el cheque de su finiquito, pero sin entregarle nada. Fabiola se niega, pero el representante de la empresa insiste, así es el procedimiento. Fabiola se mantiene, sin su finiquito no firma documento alguno.

La osadía le cuesta a Fabiola, transcurren varios meses hasta que la empresa le paga finalmente el adeudo. Conciliación y arbitraje sólo sirvió para prolongar el asunto.

….

El pasado mes de abril, el candidato tricolor presentó lo que sería, en caso de ganar, el Consejo Consultivo Empresarial para el Crecimiento Económico y el Empleo. Y para ello se hizo acompañar de los representantes empresariales de diversos sectores productivos. Ahora, que su investidura es inminente, la creación de ese consejo se ve mucho más cercana. Y como Fox (aunque un poco más precavido) prometió que dicho consejo sería instalado en los primeros quince días de su gobierno.

Miro la foto del recuerdo y me pregunto:

¿Qué tipo de empleos serán generados cuando se tienen como consejeros (y consejeras) a tales representantes empresariales?

¿A quién va realmente beneficiar la consabida reforma laboral?

Eduardo Santiago

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Columna – El ladrillo

A pesar del pobre Lara

A estas alturas de la vida, ya no le encuentro mayor sentido a la navidad, porque el panorama me ha cambiado de manera radical: Los primeros años de mi vida fui el Niño Dios del pesebre del barrio y me cuentan que la virgen María era una de las niñas más codiciadas por los Casanova de nuestra vecindad.

Los adolecentes de aquella época se morían de la envidia cuando ella asumía su papel con tal profesionalismo, que no escatimaba en proporcionarme las delicias de la lactancia: cuentan los vecinos que ella, tierna y dulce, acomodaba mis cachetes a la altura de sus pulmones, yo de mi parte, muy obediente, con mis manitas agarraba el embase, y con los ojitos entrecerrados, muy a pesar de mi tierna edad, actuaba como un experto, y cogía por mi cuenta el par de dotes de la virgen.

Algún día se dieron cuenta que ya estaba muy grandecito para representar al Niño Díos y pasé a ser uno de los pastores. Un poco más adolescente fui San José pero me removieron del cargo por presionar a María para que cumpliera con sus deberes conyugales. Como castigo, y teniendo en cuenta que en el barrio no había negros, me trasladaron al cargo de Baltasar, el Rey Mago africano, con el lastre de tener que dejarme embadurnar de betún.

A medida que pasaron los años mi anatomía fue cambiando de tal manera que se llegó el día en el cual, por bajito, gordo y feo, ningún personaje del pesebre se acomodaba a mis circunstancias, ni siquiera de extra me quisieron dejar.

Ahora soy SANTA CLAUS en un almacén que vende ropa para enanos.

Antes me gozaba la navidad y anhelaba su llegada, ahora le tengo pavor, sobre todo por la crueldad de los niños con los SANTA CLAUS que somos tan bajitos como yo: muchos creen que soy de pilas y cuando me quedo quieto comienzan a buscar por todas partes el compartimiento de las mismas, trayendo como consecuencia, por ejemplo, una torsión testicular que se me volvió crónica.

Durante mis largas horas de trabajo me da pánico quedarme quieto, no falta el chiquilín que considera que para ponerme a marchar debe pegarme un puntapié en una rodilla.

A diciembre dejé de considerarlo un mes festivo. Ahora con nostalgia hago referencia a “aquellos diciembres”, y me ha dado por hacer los amargos análisis trascendentales que algunos elaboran por esta época. Precisamente estoy trabajando en uno que pienso concluir antes de la navidad: les comparto algunos fragmentos aleatorios:

“Los romanos, los judíos faltones, Dimas, Gestas, la Magdalena y todos los personajes bíblicos de dudosa ortografía, quedaron en calzoncillos ante la flor y nata de la política latinoamericana. Después de ver el panorama político, social y económico, ya no sería blasfemia ponerle billares y casas de citas a los pesebres.

En los balances de fin de año son frecuentes frases patrioteras, y salen a flote expresiones tales como “país pujante”, a pesar de que cada vez hay más gente con el estómago en déficit, a tal punto que sólo puja cada tres o cuatro días, y eso por puro protocolo de parte del intestino.

Por donde uno mira encuentra todo parecido a los pañales del Niño Dios después de la digestión.

Pero a pesar de todo, el mundo está feliz porque llegó navidad, y para no posar de aguafiestas quiero desearles un feliz parto de Niño Dios, y un próspero 2013: esto último tendría alguna posibilidad si, solo si, los ladrones de cuello blanco optasen por no saquear el presupuesto nacional, pero será más fácil que dentro de unos meses, en semana santa, Jesús se baje de la cruz y encienda a los romanos a patadas.

A pesar de todo, tenemos que seguir queriendo el pedazo de tierra que pisamos y el cielo que nos cubre, incluso a pesar de que a veces nos va como al pobre Lara, un señor, que según la leyenda popular, hizo algo antihigiénico hacia arriba y le cayó en la cara.

A los lectores les envío un abrazo de mil vueltas. A todos feliz navidad, y próspero 2013, si los políticos dejan (si dejan algo quiero decir).

Orlando Buitrago Cruz

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Columna – Las ardillas con rabia también son cultura

Cuando Godzila conoció a mi hermana

Mi hermana la jodió otra vez. Ayer llevó a cenar a un lagarto de casi 50 metros de altura y con toda la confianza del mundo nos informó que era su novio. Destruyó medio Tokio para llegar a la casa, pero finalmente llegó y ahí lo teníamos, en la sala, atravesando el techo, y con su cabeza perdida entre las nubes.

Llevé a mi hermana a la cocina.

– ¿No crees que ahora exageraste?

– Déjame en paz. Ya tengo edad para escoger a mis novios.

– Tu “novio” acaba de destruir medio Tokio. ¿Te imaginas lo que van a decir los vecinos de todo esto?

– Pues no me importa. Si tienen algún problema, que lo arreglen con él.

Afuera, el novio de mi hermana estornudó y un chorro de luz azulada brotó, no estoy seguro, si de su nariz o su hocico y con una potencia de no sé cuántos megatones.

El estornudo destruyó un edificio que se encontraba a casi tres kilómetros de distancia.

– ¡Santo Dios!- Murmuré.- ¿Por qué tienes que traerlos a la casa? ¿Por qué no se quedaron de ver, que sé yo, en un parque?

– Yo no te dije nada cuando andabas con una hámster, ¿verdad? Entonces no me molestes.

– Bueno, nomás eso sí te digo, no quiero a ese cabrón en mi cuarto.

– Muy bien, pero entonces escógenos tu una película.

– ¡¿…?!

– Lo invité a cenar y a ver una película.

– ¿Y se puede saber cómo diablos va a ver la tele? Digo, ¡su cabeza está a 50 metros sobre la casa! Además… digo… ¿cómo es que llegas a conocer a esta clase tipos?

– Lo conocí en un retiro espiritual. ¿Eso te tranquiliza? Su vida es un infierno. Siempre pelea tras pelea. Quiere cambiar y yo pienso ayudarlo.

– ¡Te gustan los problemáticos, eso es lo que pasa! Además, sé de buena fuente que tiene un hijo. ¿Eso significa que ahora vas a andar también con casados?

– ¡!@#$%&* tu madre!… ¿Nos vas a prestar o no una película?
Por arriba de mí, el “cuñado” gruñó su impaciencia.

– Ok. Voy por una.

– Que sea romántica, por favor.

– Claro ¿para qué somos los hermanos?

Gabriel Benítez Lozano

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Columna – Hasta que se te boten los ojos

Persona Normal, de Benito Taibo

Supe de la segunda novela de Benito Taibo en un periodo en que no estaba en México, el trabajo me había llevado a las calurosas tierras de Luisiana; y fue allá en donde leí, en el mismo perfil de Facebook del autor, que Persona Normal ya se encontraba en las librerías. Traté de adquirir la versión electrónica del libro, pero ésta no estaba disponible todavía, así que aproveché que un compañero de trabajo viajaría pronto de Guadalajara a Luisiana para pedirle que me hiciera el favor de llevármelo.

No recuerdo en este momento con cuántos y cuáles libros me hice acompañar en ese viaje, pero sí recuerdo que el entrenamiento en aquellas tierras me tenía inmerso en varios manuales técnicos que me mantenían alejado de los libros.

La noche del día en que recibí el libro dejé de lado los manuales y me propuse leer tan sólo el primer capítulo de Persona Normal, pero eso no fue posible, me seguí de largo hasta que había avanzado bastantes páginas. Finalmente los manuales quedaron arrumbados tres noches seguidas, en las cuales devoré, como hacía mucho no sucedía, la novela de Benito Taibo.

Conozco a Benito por Paco, su hermano mayor, escritor también, creador (e impulsor) del llamado género neo-policiaco; ambos hijos de un gran escritor: Paco Ignacio Taibo I. Benito es primordialmente poeta, pero un buen día decidió escribir novela, lo cual ha hecho bastante bien.

En cuanto a la trama se puede decir, sin afán de develarla por completo, que cuenta la historia de lo que le sucede a Sebastián, un preadolescente de 13 años, después de que sus padres mueren en un accidente. Y es a partir de ahí que, al quedar bajo la tutela de su tío Paco, empieza a vivir una serie de aventuras bastante anormales, y todo ello a partir de recibir como regalo una biblioteca completa. Persona Normal es entonces un libro que es muchos libros a la vez, es una excelente iniciación a la lectura, que cumple con lo que dijera el mayor de los Taibo: La literatura es un arma cargada de futuro.

Son muchas las veces en que me he topado con el dilema de qué libro sugerir para lectores noveles, especialmente jóvenes; no es fácil elegir alguno, siempre se corre el riesgo de no dar con el correcto y resulte que eso aleje al potencial lector, en vez de acercarlo, a la literatura. Pero ahora, con Personal Normal, las posibilidades del fracaso se reducen. Y más si se trata de un adolescente.

Benito explica muy bien el origen y propósito del libro: cuando decide ir más allá de la simple promoción de la lectura, es que se avienta al vacío y escribe esta novela. Persona Normal es para todos aquellos que, buscando no serlo, desean sumergirse en el mundo de los libros para hacerlos parte de su canasta básica. Y es que si la normalidad en nuestro país ya dicta que un joven puede fácilmente convertirse en un sicario, Persona Normal nos dice que la anormalidad puede salvarnos de esa condena: porque si un joven lee alguna vez el Diario de Ana Frank, éste será incapaz de hacer daño alguno a otro ser humano.

PD

Sus libros, como poeta, no son fáciles de conseguir, fueron editados ya hace algunos años y hasta donde sé no se han vuelto a publicar. Pero si alguien le interesa, asómese al stand de la Universidad Autónoma Metropolitana en la próxima FIL en Guadalajara, ahí recuerdo haber visto alguno de estos libros.

Eduardo Santiago

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Editorial

Reformas para quién

Una mentira repetida mil veces se convierte en verdad.

Joseph Goebbels

En la década de los noventa las privatizaciones de los medios de producción fueron la pauta y siguieron un guión calcado de país en país y de continente en continente. Corrupción al malbaratar los bienes y medios de producción al dárselos a socios conocidos de los grupos de poder. Esa etapa produjo la última de las mayores producciones de mega ricos. De hecho, de esa etapa tuvimos la dicha de generar al hombre más rico del mundo. El honor es dudoso ya que el resto de los mexicanos poco gozaron de la piñata privatizadora. De la venta del sistema bancario nos quedó la banca más voraz y despiadada del mundo, que cobra intereses sobre intereses y paga casi nada a sus ahorradores. De la telefónica nos quedó un monopolio que cobra el servicio de telefonía tanto fija como celular más caro que se conozca. Del ferrocarril sólo sabemos que ya no existe el servicio de pasajeros, que daba un sentido social al transporte; pero un ex- presidente de la república es socio y miembro de su consejo directivo. Con esos antecedentes sólo nos queda desconfiar del resto de las reformas que el credo neoliberal promueve como su evangelio.

La reforma laboral es la última de las joyas. Promovida como la panacea para que el país vuelva a los primeros lugares de la productividad es sólo un mal parche que nada ayuda a los empresarios pequeños ni a los trabajadores. Calcada de los mandamientos neoliberales ya fue aplicada en países como España con los resultados ya conocidos. Quita a las grandes empresas las pocas obligaciones sociales de las que siempre buscaron escabullirse y deja a los sindicatos en posesión de sus máximas prebendas. Quedaron intactas la clausula de exclusión y las obligaciones de los trabajadores de afiliarse al sindicato dueño del contrato colectivo. Aparte de que pueden seguir disponiendo de las cuotas sin dar cuentas a nadie. Para los líderes, simplemente el paraíso.

Por qué llamarla reforma. Por qué no quitarle la máscara y simplemente decir que es la privatización de la fuerza de trabajo. La eliminación de toda posibilidad de conseguir algún derecho sobre lo que se trabaja. La condena a ser desechable en toda la extensión de la palabra. A ser explotado sólo por el término en que se es necesario. En el punto exacto que se ponga en vigor nadie tiene la idea de cómo se va a aplicar y creo que este punto es parte programada de la misma reforma. A los trabajadores se les tiene en la más completa ignorancia de lo que se modificó. Estamos listos para que el año venidero se ponga en marcha los mayores abusos de los que se tenga memoria. De que miles de trabajadores sean echados a la calle y que los que de por sí abusaban por norma del trabajador se puedan burlar en su cara. De que se les diga que ya no tienen ningún derecho y que pueden ser echados el momento que sea. Ése es el panorama que se vislumbra y nadie ha puesto atención en ese punto de la historia. Seguirán ganando los gandallas o se formarán grupos de reflexión para la defensa de los derechos que el trabajo da.

Todas las reformas que se están planteando eluden el principal problema de la economía mexicana. Que es el doble nudo de querer cobrar a los mexicanos los insumos básicos como la energía en cualquiera de sus formas a precios internacionales, sin subsidio alguno pero sin pagar los salarios que permitan solventar esos gastos. Las diferencias de lo que gana un trabajador en México contra su similar en los EUA o en las economías con las que nos comparamos siempre como Brasil, Argentina, España o Grecia son abismales. Cerca de 11 ó 12 veces lo que equivale un salario mínimo en EUA contra su igual en México, por sólo dar un ejemplo.

El resultado de este doble apretón es pavoroso, no sólo a niveles personales sino por las consecuencias que sobre las instituciones recaen al final de las cuentas. Si el salario es miserable, de igual forma lo son las aportaciones al IMSS y a las pensiones, y estos entes finalmente están viendo erosionadas las bases económicas de las que dependen millones de personas. Entonces qué se gana abaratando aún más el costo del trabajo. Creen nuestros gobernantes que con poner un letrero que diga TRABAJO GRATIS las inversiones van a llover. La experiencia dice que no. El trabajo barato tiene un límite de, cuando mucho, una generación, y estamos en ese umbral. El salto generacional debe darse en base a la educación y a la inversión decidida en tecnología. Los ejemplos que les encantaba ponernos en las narices, para decirnos de manera mediática que éramos un país de flojos y que un chino o un indio eran el ejemplo a seguir, con sus doce horas de trabajo, sin pago de horas extras, ya no lo son más. Hoy, tanto en China como en la India, las nuevas generaciones están abandonando la mano de obra barata y se concentran en producir no sólo artículos de mayor valor si no ingeniería de servicios en software que multiplica varias veces el valor de su trabajo. Todo ello sólo fue posible con educación sin adjetivos. En una generación pasaron de usar las manos al cerebro. En nuestro país no hemos querido aprender la lección y en un juego perverso seguimos tolerando las formas semifeudales de poder en todos los ámbitos. Empezando por la educación que sólo produce, y de modo carísimo, analfabetos funcionales y líderes híper ricos que se exhiben en poderosos vehículos, enjoyados hasta el asco.

El juego de las reformas es triste y sus resultados serán lastimosos. Y, aunque se tenga trabajo, alguien me puede decir qué se hace con $7.00 pesos por hora.

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